El arcano número 11. La Fuerza
Había tenido especial fijación por ella. No dejó nunca de rondarla a pesar de que, Prístina, siempre puso los ojos en su destino.
- Así debe ser y será. – Le decía convencida, intentando por todos los medios que comprendiera su postura. Pero no había forma. Cada cuál había escogido su camino. Él tenía decidido el suyo y ella se mantenía firme.
Las miradas furtivas y cómplices de Mauricio, nunca la incomodaron. Tenía la fuerza que necesitaba. Toda la voluntad puesta a prueba para corroborar la determinación de su destino.
Amaba a Mauricio. Lo amaba como la luna ama su imagen en el agua. ¡Así lo sentía! Creía que el amor era como un reflejo. Que podemos verlo, pero nunca atraparlo. Que cambia de forma mecido por el tiempo y la distancia.
Luchó contra su instinto, ¡claro que sí! Pese a su determinación, Prístina, se enfrentó a su debilidad. ¡Le quería!
Mauricio era hermoso, sensible, tenía poesía en su mirada, en sus palabras, en sus gestos y ella supo apreciarlo. Pero se negó. Sus objetivos eran otros. Creía haber venido al mundo para entregarse a los dioses. El amor mundano le resultaba innecesario.
La túnica que ceñía su virginal cuerpo, dejaba intuir su belleza. Había salido de casa en dirección al templo. Aquél sería el día en que se entregaría a su destino.
La fuerza del instinto se cruzó con ella. El sol descendía velozmente y, Prístina, sentía en esa premura la necesidad de coger rápidamente la oportunidad, que tanto había anhelado, por miedo a que se desvaneciera.
Mauricio la abordó por la espalda. Todo su cuerpo se estremeció. Las manos suaves y cargadas del tesón del muchacho, traspasaron los umbrales de su recelo y prendieron la llama de la pasión.
Las fuerzas se equilibraron. Era la consecuencia lógica, la respuesta adecuada y justa, el equilibrio natural, al que se resistía. Y... ¡Se entregó!
Por la comisura de sus labios resbalaron los restos del brebaje. Desvaneció entre sus brazos. Prístina se rindió. No supo ver que intentó dominar la fuerza equivocada.
Introdujo por la ranura las libaciones: bocadillos dulces, vino y jacintos orientales.
Una sombra se proyectó brevemente sobre la losa tendida haciendo desaparecer, de la vista, su última morada.
Para Mauricio fue, por un instante, como si Prístina aún se encontrara a su lado.
En esta ensoñación, retomó nuevamente sus pasos en dirección al pasado.
Carmen Rosa Signes 240306
El arcano número 12. El Colgado
Llegó confuso. Los acontecimientos se precipitaron. El movimiento era constante. Todo estaba en vilo.
“¿Quién es él? Y ¿dónde se encuentra?”
Cuando abrió los ojos apenas distinguía los perfiles.
Se hallaba al aire libre y por la luz mortecina y ambigua del ambiente no se atrevía a afirmar si comenzaba el día o alcanzaba a su fin.
Los objetos y las formas se le insinuaban distorsionados, sus sentidos parecían despertar de un largo letargo.
Poco a poco, fue recuperándose.
Ante él pasaron escenas de su vida, acontecimientos que ya no podría recuperar.
“En la lejanía, ve un joven desnudo que cargando, sobre su cabeza, una gran cesta repleta de objetos, desciende por una colina. Parece dispuesto a entregársela.
La corriente que forma su caminar ligero, de almizclada fragancia, roza su rostro pero no se detiene. Intenta alargar los brazos para detenerlo pero le es imposible. Se halla atado de pies y manos, es más, se encuentra boca abajo aunque no le resulta ni incómodo ni angustiante.”
Comenzó a comprender que aquello no podía estar sucediendo, su subconsciente representaba en sueños la escenografía que necesitaba para solucionar su cartel.
Recordó haber salido la última tarde en la dirección opuesta a sus necesidades por miedo, huyendo de su destino. Traspasados los umbrales de un bosque la barrera natural de un barranco infranqueable le devolvió a la disyuntiva de saltar al vacío, poniendo fin a todo, o regresar y hacer frente a las dificultades.
En ese proceso, algo debió ocurrirle pues, hasta verse allí suspendido en el aire indefenso pero seguro, no recordaba nada más.
“El joven intruso regresa, posa frente a él su carga y con las manos desnudas escarba un hoyo en el que vierte los objetos que no le son ajenos y los entierra. Ahora si que le mira antes de desvanecerse. Todo se disipa.
Un sudor frío recorre su frente.
Siente, en su boca, la hiel de la derrota y la dulce ambrosia de la aceptación a un tiempo. En la segunda vuelta, por los doce segmentos del día, formatea su comprensión.”
Firmando todos los papeles que tiene frente a sí, recoge sus cosas, las mete en un cajón y las abandona en el vertedero. Se renueva, pervive y sigue adelante desafiando de nuevo al destino.
Carmen Rosa Signes 090306
El arcano sin nombre
Asomaba aquella menuda mano, nada más era visible; apenas si se le presentía cuando yo llegué, tuve dudas, antes de continuar. Saber que es lo que nos toca hacer, sin poder evitar sus consecuencias, aún me resulta extraño. No encuentro distinciones destacables, que hagan de mis acciones hechos diferenciados. Pero hay quien se empeña en cambiar el nombre de aquello, que es idéntico en esencia y en sentimientos. No me detengo para ver los resultados, me cansé de hacerlo, pero siempre hago alguna excepción: por curiosidad, por morbo, incluso, en ocasiones, por compasión. ¿Compasión? Cuestionaréis. ¡Pues sí! No me voy a extender en aclaraciones que me justifiquen, pues sois vosotros los únicos que necesitáis las excusas. Se me ha comparado con una brisa fría, me han dado aspectos variopintos, dispares. Posiblemente si me vierais, no me reconoceríais, pero os aseguro que en ese momento sabréis que soy yo. Muchos intentaron la simonía al presentirme, porque todos sois conscientes del fin.
Cuando entro en escena, el principio del fin se acerca. La nueva oportunidad. No es el fin del principio, nada concluye tras mi paso. Mirad a vuestro alrededor y os daréis cuenta.
“Mis pulidos huesos con carne, sin carne, acarician las magras espaldas del corcel del tiempo. Desde mis nalgas hasta mis manos se satisfacen con el brío imparable de ese animal desbocado. Me dieron libertad de acción. Cabalgué a mis anchas. Sentí en aluvión el poder. El placer que otorga el miedo, desde que fuisteis conscientes de mí existencia. Pero eso cansa. Añoré la compañía y me sentí como una gota de lluvia que se evapora antes de llegar al suelo. Mientras vosotros fantaseabais excusándoos en mi nombre. Igual da que os reunáis bajo la luna llena, a plena luz del día, o tomando una inocente taza de chocolate, el fin es mío. Os laváis las manos en mi nombre aunque el mérito sea vuestro.”
Aquella pequeña mano dejó de moverse al sentir mi paso. En la sencillez de este acto se encierra mi más pura acción. Yo favorezco el cambio. La naturaleza se engaña y allí estoy yo para enmendarlo. Ahora un bebé y dentro de un segundo un cincuentón en la otra parte del mundo.
“Da igual. A mi no me importa, y a vosotros os debería dar lo mismo; es mi cargo de conciencia, pues hace mucho que el vuestro lo depositasteis sobre mí.”
Carmen Rosa Signes 150206
El arcano número 14. La Templanza
Extendió las alas. Su sombra inexistente la cubría del todo.
Alzaba arco iris el agua al choque violento contra las rocas. La niña, con su pensamiento, parecía pescarlos. Todos los colores le pertenecían.
Desde lo alto, sintió la cálida corriente de aire que manaba desde ella. El deseo ardía a su alrededor, caldeando el ambiente.
El sonido del agua, le recordó su misión.
Quiso enfriarla con un batir de alas pero no pudo. El golpe seco apenas si enmarañó el cabello y jugueteó con el liviano traje de gasa, de la niña, hasta el punto de que, su cuerpo adolescente, quedó al descubierto.
¡Cordial bienvenida a la madurez!
Había salido de casa con la aurora.
La fuente del río, su destino, aguardaba su ensoñación.
Más pesada carga, que las jarras vacías para la niña, era, para el ángel, el prurito incontrolable de aquella pubertad, que despertaba a la mujer deseable dejando en menoscabo la infancia aún visible.
Poco tiempo ha, en el invierno, se revolcaba entre juegos de nieve y hielo. Congelados deseos prendidos como punzantes estalactitas heladas en su imaginación.
El sol, aliándose con el tiempo, la había transformado.
Y ahí estaba, sobrevolando sus pasos, intentando aquietar los instintos, templar la sangre que, caliente entre sus venas, la lanzaban por otro camino.
Lucía hermosa. ¡Resplandeciente!
En su vuelo, desde lo alto, asediaba los pequeños rincones de la mente inquieta y despierta, atendiendo a sus requiebros. La confusión se hacía evidente al presentir el bombardeo de sus conquistas, como los inocentes e inofensivos gamusinos de su infancia. Por suerte desconocía el lenguaje, ignoraba las respuestas.
¡Suerte del ángel que la guardaba!
Estaba ansiosa de poseer. ¡De ser poseída!
La pasión en el ser humano, que pasa de la mayor indiferencia a la entrega más absoluta, debía regresar envuelta en el albornoz de la infancia. Debía aguardar un tiempo más. Transformarse nuevamente indiferente.
En un último y milagroso batir de alas, el azar quiso que una de sus plumas rozara el rostro de la pequeña, haciéndole cosquillas, devolviéndola al mundo de los juegos y la risa.
En casa le aguardaban los suyos. Regresó riendo aún de su suerte. Y mientras con la pluma perdida acariciaba su cuerpo, cerró la puerta consciente de su transformación.
Carmen Rosa Signes 160606
El arcano número 15. El Diablo
Con la mano levantada impartía sentencia.
Lo recuerdo como una escena atroz envuelta en misteriosa neblina, distorsionada, como surgida de las visiones de un profeta apocalíptico.
¡La venida del Maligno!
No importaba que lo hubiera hecho otro, las culpas siempre recaían en mi.
Con los años, había adquirido un rostro sospechoso, eso decía mi padre. He intentado imaginarme eso de “rostro sospechoso”, pero por más que me miro, sigo sin notar diferencias evidentes con el suyo, además todos somos culpables de algo. Incluso Maria, mi hermana pequeña, podía albergar la mirada más pizpireta; ocultar mil y una picardías.
Mi padre me utilizaba para poder descargar las frustraciones que se le acumulaban durante el día.
El cómo lo aguanté, aún es una cuestión que me sigo planteando.
Una noche nos levantó del lecho; su voz sonaba más terrible que de costumbre. No sé por qué, pero tuve el instinto de agarrar a Maria de la mano y huir, pero se hallaba parado justo enfrente de la puerta de la calle. Avanzamos atemorizados, caminando por el largo pasillo, uno tras del otro. Protegía con mi cuerpo el de mi hermanita. Al llegar a su altura, de un tirón rápido, casi de un salto, nos metimos en el comedor. Aquella mano levantada, siempre tan larga... ¡Me aterraba!
Y allí estaba, con los sentidos distorsionados, colorado como un cangrejo cocido en vino, buscando con la mirada aviesa una nueva victima.
Mamá no hubiera aguantado tanta presión. Durante años pensé que se marchó por no vernos sufrir, hasta que comprendí, dolorido, que el abandono había sido doblemente cruel.
Nos refugiamos en un rincón de la sala, agazapados y ateridos con más miedo que frío.
Miré a Maria, que no podía quitar sus ojos del rostro oscuro y desencajado del diablo aquel que decía ser nuestro padre. Y yo también lo miré. Y por unos instantes, creí ver su transformación.
En la sombra oscura, del miedo, sonaron sus reproches y una retahíla de golpes que nos dejaron en la boca, los sentidos y el recuerdo, el sabor de un chocolate amargo, espeso y ardiente.
Nada fue igual desde aquella noche. Nuestro padre siguió deformándose. Cada día que pasaba, era más cruel, más intolerante, menos humano. Y nosotros nos sitiamos en una vida que no habíamos elegido, resignándonos en la esperanza de un cambio que nunca llegó.
Carmen Rosa Signes 220606
De noche en la ciudad - blacksend7
De noche en la ciudad
desando altares disgregados, orgasmos estériles
De noche en la ciudad
humedezco mis manos en las rampas, improviso obscenidades
De noche en la ciudad
intuyo cuerpos de hetairas alegres y efebos atrevidos
De noche en la ciudad
¿acallaré esta sed de espera, de inasible felicidad?
De noche en la ciudad
el cielo se mancha de rojo y marginal
como un beso
De noche en la ciudad
quedo atrapado en tu lenguaje, en tus mudas
De noche en la ciudad
mi cuerpo se desintegra y gravita como esporas
De noche en la ciudad
me asalta el vaho espeso de las rencillas, de lo oculto
De noche en la ciudad
¿dónde quedo, sin tu entrega?
De noche en la ciudad
me descalabro, enloquezco
De noche en la ciudad
las gárgolas, burlonas; me humillan
De noche en la ciudad
transmuto
De noche en la ciudad
me pierdo, perezco
De noche en la ciudad
nick: blacksend7
Anatomía - blacksend7
¿Cómo serán mis huesos?
¿Pergaminados, polvorientos, llenos de luz?
Esta carne que los cubre: ¿Será amianto para penas ajenas?
Mis labios imparten
besos mecanizados, mi miembro
se moviliza
y escupe atendiendo a horarios.
También dispongo de miradas táctiles.
Me evaporo entre la multitud
y renazco en las soledades.
Soy un semidios acostumbrándome aún
al polvo de la tierra.
Nick: blacksend7
Malasaña - Pizco
Estruendos de mil vidas destrozadas,
De trozos de metal, de hierro y vidrio,
Ahogadas voces que piden auxilio
A una muchedumbre horrorizada.
La capa con la que tapan su cara
Amoratada de vergüenza ajena,
Empaña el mundo de dolor y pena
Como si la razón los amparara.
Espadas convertidas en pistolas,
En soles negros de relojería,
Que empujan al ocaso de los días
Abrazados a un cuerpo que se inmola.
Cobardes que segáis vidas humanas
En nombre de una absurda ideología,
Lo que hacéis no es luchar, es cobardía,
E “idea” no es igual a bomba lapa.
LA FELICIDAD DE UN NIÑO - nquadri
Yo fui feliz siendo un niño.
Fue con un torrente de viento salado
o con sólo la brisa de un ser alado.
Yo fui feliz siendo un niño,
cuando para navegar en un velero,
pasaba a buscarme mi padre
por la casa de mi madre.
Yo fui feliz siendo un niño,
cuando entre las arenas de las dunas,
encerré unos gusanos en una caja vacía
y surgieron mariposas, al pasar unos días.
Tú no tienes alma... - Valentina Saenz
Tú no tienes alma,amor,y nunca haz sido
ese principe que yo buscaba en tí,
me ha tomado tiempo,pero he comprendido
que por tí no vale la pena morir.
Tan sólo fuí,amor,un titere en tu vida
algo manejable con lo cual jugar
y entristecerlo con esa partida
que,ambos sabemos,nunca fue verdad.
Aún no entiendo,amor,tanta hipocrecía,
por qué de mis sueños te burlaste así,
nunca fuí "princesa" en ésta fantasía,
sólo fuí una tonta porque te creí.
Ésto será,amor,lo último que escribo
pues aunque siguiera nunca entenderás
que olvidaría todo para estar contigo
si ésta vez prometes que no mentirás.
Adiós,amor... - Valentina Saenz
Adiós,amor,hoy vengo a despedirme
pronto me iré para ya no volver,
te juro que no voy a deprimirme
se terminó y nada puedo hacer...
Me marcharé con agua en la mirada
sé que tal vez tú no lo notarás,
éste es el fin,la suerte estaba echada,
yo no he ganado y tú me perderás...
No será fácil olvidar nuestra historia,
para mi fuiste el que nunca serás,
yo fuí tan sólo tu amante transitoria
esa que ahora ya no recordarás...
Quise dar todo para que feliz fueras,
hoy no me explico qué fue lo que faltó
tal vez no pude lograr que tú sintieras
y no me amaste como te amé yo...
Sigue cerrada,amor,aquella puerta
que un día pensé que podía traspasar
pero no ha estado jamás para mi abierta
y solamente he sido una más...
Adiós,amor,no tengo más opciones,
me debo ir es eso lo que haré
y aunque en mi alma aún suenen tus canciones
tal vez un día también te olvidaré...