La isla del Indico. De Mon

El Capitán Prepucio era un hombre singular, no fumaba pipa y le gustaba rascarse la espalda con cáscaras de coco.
La ruta comercial del Este del Índico llevaba al fracaso a muchos mercantes, faltos de personal con experiencia y medios. El Capitán era un hombre experimentado que no menguaba fácilmente ante cualquier adversidad.
Corrían los años 70 cuando una buena mañana el mar se encontraba algo más grueso de lo habitual, Chester, el contramaestre, había preparado tacos de panza de caribú asado, el cocinero tenia la jornada libre y era el turno del segundo de abordo preparar alguna delicia para los oficiales. La comida transcurrió entre risas y brindis en el limitado espacio del comedor de popa, solo el viejo capitán se encontraba algo mohíno, preocupado. ¿Quizás su experiencia sincronizaba con su intuición o algo extraño iba a ocurrir?
De repente un golpe seco hizo tambalear el mercante que poco a poco iba perdiendo velocidad.

¡Paren máquinas, todo atrás! —ordenó Prepucio

Un islote aparecido de la nada fue el motivo de tal incidente, nunca había estado allí. Era el momento de desembarcar y ver que era aquello y sobre todo quien pedía auxilio desde tierra firme.
Una dotación de cinco hombres se dispone a bajar a la isla, ellos no saben que jamás retornarán a su nave. Efectivamente, la isla ha sido engullida por el mar dejando vía libre al agua que siempre la cubrió, ésta homicida y traidora ha llamado a la muerte a quienes han osado profanarla.

Cuenta la leyenda que muchos hombres nunca regresaron a casa, sus compañeros nunca lo pudieron explicar. Hoy el Capitán del navío da la orden de “todo avante” seca con una guata su frente sudorosa y vuelve a rascarse como si nada hubiera ocurrido.
Pero la isla sigue allí, esperando otro envío.

Mon 12/05/06

El Soldado. De Locomotoro

Serían como las 12 de la noche, una noche jodidamente cerrada. La lluvia caía sin cesar, como un castigo divino, aunque no más castigo que esa maldita guerra. En la trinchera, se pueden ver muchas cosas, pero lo más latente es el miedo. El miedo que te rodea, que se respira, sobre todo cuando pasa mucho tiempo sin el sonido de una bala. Eso significa solo una cosa, que dentro de poco tocarían el toque de “bayoneta”.
Por espacio de media hora, la gente fue recogiendo sus efectos personales, guardándolos en bolsillos, cascos y botas. Al mismo tiempo que sacaban sus capillas personales, las fotos de sus amantes, de sus madres, sus relicarios y amuletos, y cada uno comenzamos a rezar en silencio.
Pero yo ya no creía en nada. Hacía tiempo que los colores de la bandera por la que luchábamos se habían desteñido. Ahora solo era una cuestión de vida o muerte. De nada serviría sentirse mohíno. Era necesario sacudir con fuerza el prepucio de la ira hasta hacerle escupir con furia contenida toda la rabia.
Sonó la corneta y se hizo un silencio que duró unas décimas de segundo. Tiempo más que suficiente para despedirnos con la mirada. Ya no nos decíamos adiós, sino más bien hasta luego, porque después de tantos meses si había algo que habíamos aprendido era que la muerte aguarda detrás de cada línea, en el espacio que queda entre un fusil y un cuerpo.
El espíritu homicida de cada uno apareció de pronto y nos lanzamos como bestias desbocadas al incierto destino.
Llegué hasta la esquina de lo que quedaba de la iglesia, miré hacia atrás, y los vi menguar en la lejanía, ante el sonido de una ametralladora. Giré y entré corriendo por la nave principal, frente al altar. Despejado, allí no había nadie, me encontraba solo. Algo blanco hizo que girara la cabeza y entonces me sentí muerto. Era un pedazo de guata, un pedazo de guata que cubría la cabeza de Ángel, mi compañero de escuela, ahora... mi asesino. En un acto instintivo, cargué el fusil y vi con horror que no tenía munición. Pero él no se inmutó, continuaba allí, apuntándome sin prisa. Era un blanco perfecto. Solté un taco al saberme muerto y al mirarlo vi que él estaba sonriendo.
¿Como va, amigo? No te preocupes... no te quiero mat...—Un sonido seco hizo que no pudiera terminar la frase. Me miró con la muerte en los ojos, y allí se quedó dormido, entre mis brazos, empapado por unas lágrimas que en ese momento no pude soltar. La historia de una guerra puede ser muy larga... pero se puede explicar de una manera muy corta.

Locomotoro 12/05/06

La mirada. De Monelle

Su cabello se alborotaba revolucionado por el rápido caminar. Ese rojo hiriente, impreciso y alegre que lo iluminaba, desprendía reflejos hipnóticos que, en ocasiones, semejaban el fuego que consumía mi corazón, para menguar, otras, al candor de las hojas caídas de los árboles en otoño.
Aún repito una vez y otra... ¿Por qué miras para atrás a cada paso? Sigue flotando en mi interior esa pregunta.
Caminabas con inquietud como si temieras por algo. Si hubiera sabido lo que te abrumaba tal vez todo hubiera sido distinto. Mantenías esa tensa y fugaz mirada al pasado de tu recorrido, escrutando cada rincón medio oculto, moviéndote tan ligera que apenas si reparabas en lo que te rodeaba.
¡La suerte me acompañó aquel día! El azar quiso que te pararas justo enfrente de mí. La tardanza en descargar el carbón para las calderas, quiso que durante al menos dos minutos te quedaras inmóvil, momento que aproveché para perderme en tu rostro. Te diste cuenta de que no te quitaba los ojos de encima, mientras limpiaba guata en mano los coches de caballos estacionados en la calle.
Por un segundo tu mirada se cruzó con la mía. Mi mohíno rostro se transformó, y me sonreíste.
¡Qué rápido sucedió todo! Algo se interpuso en el espacio que compartimos por un instante. Otra mirada, otro reflejo, otra expresión, algunos gritos, tacos malsonantes y amenazas, un zarandeo violento de imprevisibles consecuencias..., y tus ojos implorando clemencia. La mano homicida se introdujo en la carne rompiendo la vida.
Escudriñé el rostro de aquel hombre. Le empujé, pero el daño ya estaba hecho.
Creí ver en sus ojos la mirada perdida que provoca la sangre recorriendo desde el prepucio hasta la nuca, la fijeza del orgasmo, la de la entrega cuando se consiguen conquistar los sentidos, antes de caer a sus pies. Creí ver en mis manos, impregnadas en rojo, el color de tus cabellos. ¡Sonreí!
Mi propia sangre me confundió, pero tu mirada no me la inventé. Aún la siento. Mientras te alejabas de la mano de mi asesino, tus ojos repletos de lágrimas me llenaron de amor.

CRSignes/Monelle 12/05/06

La morada. De Naza

Ahí estaba; majestuosa, solitaria, defensora de su espacio, capaz de aliarse con los dioses para preservar su virginidad terrenal. Le pertenecía a Ellos.
Algunas noches veía como figuras luminosas que terminaban en prepucios incandescentes penetraban en ella de forma repetida y placentera. Sólo a Zeus le estaba permitido tocarla, y Él lo sabía. Receloso de su más postrero y preciado tesoro quería defenderla de infidelidades oníricas. Capaz de protegerla de seres indeseables como yo, haría todo lo posible para que fracasara en mi intento de, simplemente mirarla.
Una bruma permanente sobre su cara me recordaba a la hurí de mis sueños. Buscar su imagen en mi mente significaba un cambio de mi estado de ánimo, entonces la jornada más aciaga, de rostros huraños y gestos mohínos se difuminaban en esbozos de sonrisas, miradas de complacencia y deleite de los sentidos.
La espiritualidad de mi amor por ella fue menguando a la par que crecía mi deseo de poseerla. La obsesión se apoderó de mi razón. La mesura dejó paso a una esquizofrenia homicida. O era mía o moriría en el intento de hacerle llegar mi mensaje de amor carnal.
La obcecación me llevó a abandonar el mundo. Estudié cada uno de sus pliegues, de sus curvas. Se convirtió en mi más deseada meretriz de aquel burdel prohibido. Mis amigos me tildaron de excéntrico, los que no me conocían; de desequilibrado. Pero no me importaba, cuando lucho por algo no hay nada más satisfactorio que darlo todo por conseguir lo que deseo.
Ahora que he regresado todos se quieren fotografiar conmigo. Cuando llegué a la cumbre vi un mundo distinto. Allí sobre una poltrona estaba Él. No me dijo nada, sólo tomó con sus manos una porción de nubes y la aguató a modo de cojín.

-Siéntate aquí. Tenías que venir, ¿verdad? Ya no respetáis ni mi última morada. ¿Qué debo hacer contigo, despeñarte? Eso sólo conseguiría atraer a otros fanáticos como tú.

Acaba de nacer una leyenda. No, no eres tú, te anticipo que tu gesta será efímera, por encima de todo prevalecerá la leyenda de todo aquel que suba a esta montaña perderá la lucidez y vivirá ausente viendo mi rostro de por vida.
La ausencia de oxigeno perturbo mi mente. Ese fue el veredicto final. ¡Nadie creyó mi historia!
Hoy he arrancado otra hoja del calendario de taco, de nuevo su rostro aparece en el nuevo día; imperturbable.

Naza 12/05/06

Carta a Java el Brut. De Suprunaman

9 de Mayo de 2006

Luc CagantBroses
Planeta Naboo
CP. 1001
Ciudad: Kaguera

A la Atención del señor Java el Brut

Muy Señor mío:

Hace varias lunas mientras mis amigos celebraban un guateque espacial, les atacaron sus soldados, que como homicidas, violaron a nuestros droides y tocaron las tetas a todas nuestras amigas con la excusa de una inspección rutinaria.
Estoy un tanto mohíno también con usted señor Brut, pues me han llegado noticias de que a mi amigo Solo, la madre de vuecencia, le ha pegado un taco y le ha cortado el prepucio, no es que me sepa mal, pero al menos podrían haberle puesto Mercromina para curarle, digo yo.
Por otro lado, todos sabemos que a mi hermana Ralla (Snif) CagantBroses, le gusta mucho la fiesta y que sus soldados la encontraron con una guata húmeda en la frente, pasando la resaca en el puticlub “Cuarto menguante”, a mi y a la resistencia nos gustaría que nos la devolviera, pues no sabemos de donde sacar la coca.
Del mismo modo, espero me devuelva los droids violados, pues próximamente tenemos una “rave” gay y una de las principales atracciones es el sexo droid.
Sin otro particular y esperando no tener que penetrar en sus dominios por la FUERZA se despide afectuosamente.

El Julay Luc CagantBroses

Suprunaman 10/05/06

Toda una aventura. De Chajaira

La vergüenza le prohibía mirarla directamente a los ojos, ni levantar la cabeza podía. Su prepucio sangraba después de una alocada noche de pasión.
Se conocieron, en realidad lo que es conocerse no se conocen. Coincidieron en una fiesta organizada a través de un chat en una página de contactos a la que eran asiduos.
Era la primera locura que se atrevía a hacer en toda su vida, pero la conflictiva separación con Carla había menguado tanto su personalidad, que llegó a sentirse tan mohíno y vacío como la misma vida que llegaron a compartir.
Era el momento de hacer algo realmente especial, ¿por qué no?, ¿qué tendría que perder?
Cuando llegó a la casa citada, la puerta estaba abierta, se escuchaba música alta, aunque no ensordecedora, alguien le besó nada más llegar y le preguntó el nombre. —Alberto –dijo, el alguien llevaba un trocito de cartulina con un imperdible que ponía “Luisa”, he hizo lo mismo con él, rotuló otro pedacito con su nombre y se lo trabó por fuera del bolsillo de su camisa.

—Las bebidas están en la cocina, la encontrarás fácilmente, preséntate tu mismo.

Todo el espacio permanecía con la tenue neblina de los fumadores. Se escuchaba Eagles y tarareando Hotel California se dirigió a lo que supuso la cocina. Hola…hola…, de momento nada parecía salir de eso.
Sobre la encimera había varias botellas de diversos licores, se decidió por una de Whisky no demasiado malo, abrió el congelador para servirse hielo.
Se quedó más frío que la escarcha que ahora estaba sobre sus dedos cuando una mano se introdujo por la abertura de su camisa.

No dijo nada, siguió sumiso aquella mano femenina. Era el momento de atreverse a una gran aventura, la adrenalina corría, sólo se dejaba guiar por el sonido de sus tacos al caminar.

Ella encendió la luz de la que parecía una despensa muy amplia donde había un arcón, estanterías con loza y varios electrodomésticos. No dejaba de mirarle directamente a los ojos, se puso de rodillas ante él y bajó su cremallera. De repente todo se le nubló, el pudor lo atrapó si compasión. Dio un fatídico tirón para cerrar su bragueta con la consecuencia de quedarse parte de su piel trillada.

Ahora estaba sentado en un WC, con los pantalones por la rodilla y una hermosa dama con un trozo de guata sanando su herida. Sí, toda una aventura.

Chajaira 09/05/06

La primera mañana. De Suprunaman

No era consciente si era por la mañana, medio día o la noche, lo que sí sabía era que mi tiempo menguaba a pasos agigantados.
Estaba mohíno pues ahora veía el final de mi existencia, un taco de guata húmeda cubría mi afeitada cabeza. El guardia encargado bajó la palanca y una gran descarga me dejó frito.

Abrí los ojos y me palpé la cara, los brazos, el prepucio, al parecer todo estaba en su sitio. Me hallaba en un espacio oscuro, muy oscuro, no podía ver más allá de mis pies, empecé a andar con precaución, el camino era interminable, a cada paso, mis pies se hundían en una masa parecida al lodo, al fin vi a alguien: -¡perdone, perdone! -dije, un rostro cadavérico, con los ojos amarillos y la mandíbula desencajada se dio la vuelta, tal fue el susto que al intentar dar un paso atrás no recordé que estaba hundido en el lodo y caí sentado en la masa viscosa. –Homicida ¿eh? -Dijo el extraño personaje mirándome la cabeza y se acercó a mi cara tanto que pude ver hasta lo más hondo de sus cuencas, -ya verás, ya verás, ya verás -y soltó una carcajada.
Era la primera mañana después de mi muerte.

Suprunaman 08/05/06

Palabras para el "Contemos cuentos 7"

Alcanzamos el séptimo, en el que se llegaron a escribir doce relatos, con las siguientes palabras:

ESPACIO

GUATA

HOMICIDA

MENGUAR

MOHÍNO

PREPUCIO

TACO

Para la segunda semana nos lanzamos a escribir relatos que transcurrieran en un circo. Todo un universo de contraste a nuestro alcance. Un mundo lleno de matices, con un buen resultado.

Nómada. De Monelle

Para ti Fernando, nunca te olvidaremos.

El fuerte olor de pachulí con el que embadurnaba su cuerpo, era la seña más destacable de su identidad. Años atrás emprendió el vuelo. El nido abandonado llevaba el nombre del compromiso y la responsabilidad.

“No me dejaré guiar por alerón alguno.”

Vagó por todos los lugares y ninguno, sin detenerse más que lo preciso. Fue coherente consigo mismo.
Sobrevivió con la caridad. Dejaba descansar su cuerpo en cualquier esquina. Siempre conseguía enternecer a alguien con los sones que le unían a un pasad que se le auguró de excelentes resultados, pero al que renunció.

“Mi guitarra traspasa el alma de la gente.”

Pronto las malas condiciones de aquella vida nómada, convirtieron el instrumento de su sustento en un despojo.
En la calle, los años curtieron su piel y acartonaron su espíritu.

“Estoy en posesión de la verdad.”

Se dejó arrastrar por las filosofías mundanas, y creyó lograr de cada una de ellas las claves para un camino más sencillo. Los algoritmos de posibilidad eran infinitos, y con ello alimentaba una fantasía desbordante.

“No renunciaré nunca a mis creencias.”

Preparando su alma, abandonó su cuerpo. Destrozó su salud. Del vicio de las tertulias con las que compartía sueños en las noches gélidas en los refugios de transeúntes, pasó al delirio de los días en los que no lograba sacar lo suficiente para emborracharse.
A raíz de aquellas experiencias y los miles de viajes interiores que realizó, gracias al alcohol barato de los tetra-brick, se convirtió en esclavo de la enfermedad que le consumió por dentro.

Cuando apareció tirado sobre la acera nadie se hizo cargo de él. No oyó el susurro de la muerte que le circundaba. Ignoró su presencia.

“Todo viaje concluye, es lo más dable de nuestra existencia. Las rutas nos acercan a alguna parte. Las naves siempre arriban a puerto”.

Y se entregó con mayor empeño, si cabe, a la autodestrucción. Una vez y otra, ...y otra... después de recuperado el pulso de su cuerpo ajado, regresaba a la calle, pero asegurándose de que el tambor estuviera lleno. Que al menos, no erraría en el juego de la ruleta de su vida.
Murió con el día o con la noche, no tiene importancia, sin desviarse de su senda terminó su ruta.

CRSignes/Monelle 03/05/06

Juego sucio. De Chajaira

Tenía que llegar a la estación principal como fuera.

Axel, por favor, es que no puedes ir más rápido.
No señor, el alerón trasero se ha desprendido y si voy más deprisa podríamos perderlo.
Está bien, está bien… intente otra ruta más despejada.

Necesitaba llegar a tiempo, era el elegido para ser uno de los tres cerebros que irían conectados a la central de información de genios, la capacidad para llegar a los algoritmos era fundamental, necesitaba ser el mejor y estaba en excelente forma neurótica.

Por fin, faltan diez minutos para el comienzo.
Suerte, señor.
Gracias amiga, arréglalo lo antes posible, es dable que para el viernes haya acabado.

Me dirigí rápidamente a la Fase II, allí estaban mis contrincantes con los elementos de transferencia puesto, quería tenerlo todo controlado. El instrumento regulador de fantasía ya estaba a punto en el bolsillo de mi gabán.

Señor Helseys, por favor, acomódese.

Todo empezaba como se esperaba, las secuencias invadían mi cerebro y todo aquello imaginario o sin lógica aparente era desviado al regulador de bolsillo, no podía fallar de ninguna manera, sería el cerebro más concreto del Consejo del Gobierno Nacional. Estaba concentrado al máximo. El jurado rondaba a mi rededor, pero no se darían cuenta, no detectarían ni una sola señal.

Pero no fui perfecto, el detonador de mi instrumento empezó a pitar.

Por favor señor, vacíe todo lo que tenga en los bolsillos.

Fue así como descubrieron mi as en la manga, no solamente fui expulsado del C.G.N. sino que acabé en el mayor suburbio de los barrios bajos, trabajando para los casinos de la objetividad.

Chajaira 02/05/06

Compañeros de viaje. De Suprunaman

Estaba en una de esas clases de mates soporífera y caí en el profundo sueño de la “última fila”, soñé con un viaje excelente al centro de la Calabaza, iba subido en una escoba aerodinámica rematada por un alerón, los algoritmos y las matrices daban forma a una ciudad de fantasía, vi a un uno que iba solo como la una, los “doses” iban a pares comentando el partido de los números primos, encontré también un viejo centenario que me habló de una montaña, donde un fotógrafo que no tenía un pelo de tonto tocaba un instrumento con el cual hipnotizaba a aquel que subía a su castillo y lo torturaba con películas de Manolo Escobar.
Yo que era valiente, pues este era mi sueño, decidí subir a dicho palacio, como Ulises quería escuchar el canto de las sirenas, fui a una frutería que había en el mercado y compré dos plátanos que me metí en las orejas y empecé el camino que llevaba al castillo del fotógrafo loco, subiendo por la senda, me tropecé con un Gringo que quiso acompañarme, pues no creía que pudiera llegar solo, -El camino es peligroso, dijo.
Al cabo de un rato de caminar se nos acercó un pequeño tren, -Locomotoro me llamo y os llevaré arriba de la montaña, también vimos a la reina de las palabras, Monelle nos dio una receta mágica con las que podríamos abrir la puerta aun sin tener las llaves, seguimos para arriba, ya divisábamos la puerta, nuestro aventura era ya algo dable.
Al llegar al portal dijimos las palabras que Monelle no había dicho “Carabirubí, carabiruba” y la puerta se abrió sin más, Horus nos esperaba armado hasta los dientes con sus soldados romanos –por la gloria de Roma, dijo y empezamos una batalla de chistes, agotados por la risa, Horus decidió unirse a nosotros para ver a Mon.
Al vernos, el fotógrafo loco tocó el instrumento mágico hasta que nos hipnotizó y enchufó la peli “El padre Manolo”, como yo llevaba los platanos en las orejas, conseguí salvar a mis compañeros de viaje.
Aquarella diosa del país, nos pintó una preciosa luna llena y un cielo estrellado, entonces sacamos el “Frangelico” y Mon se unió a la fiesta.
Mis fuertes ronquidos ya duraban tres minutos y el “profe” con su varita matemática me expulsó a la sala del director.

Suprunaman 01/05/06

La falsa agencia de viajes De Naza

Cuando la conocí pensé, nunca me podrá tocar la lotería. La suerte difícilmente llama dos veces a la misma puerta. Coincidimos en el aula de estadística, en ese momento forcé la salida de clase para coincidir con ella en el angosto pasillo. Recuerdo que ella se giro, parecía buscar a alguien entre aquella maraña de cabezas, se encontró con mi media sonrisa; ni se inmutó, me esquivó, me ignoró y yo me enamoré más de lo que lo había estado nunca.

¿Cómo hacer para acercarme a ella? Los estudios no parecían importarle en demasía, sus notas la delataban. Era una de esas chicas a las que no le haría falta estudiar, contaba con lo indispensable para triunfar en esta vida; su belleza. La imaginaba en un futuro del brazo de un hombre que le permitiera mirar el mundo con desdén. Debía conseguir ser ese hombre. De momento esa opción no era dable para alguien como yo.

Mi aspecto vulgar tenía una ventaja; el poder estar cerca de todo sin levantar sospechas. Entonces supe de sus fiestas, supe de su amor por los coches deportivos de grandes alerones, y por todo lo que le hiciera sentir esa sensación; el pasar de cero a cien en tan sólo ocho segundos.

Cuando te planteas decisiones en la vida, debes asumir los riesgos que conlleva, y sopesar si el triunfo de lo que busca prevalece por encima de las, llamémosle, incomodidades.

La primera vez que le propuse viajar ella me miró sorprendida. Sólo aquel instrumento me podría acercar a ella. Judith, la chica de grandes ojos negros y piel sensible le pareció mi propuesta una idea excelente; siempre estaba a expensas de que los demás le ofrecieran su dosis de vida.
Me entregué a ella, me dejé sumergir en ese infierno cálido; no necesitaba nada más. La fantasía que rondaba en mi mente desde que la vi se hizo realidad en aquel sótano al que llamamos el algoritmo, un juego de palabras; un local cedido por la rectora de la universidad en su deseo de que sirviera de punto de encuentro entre estudiantes, y que se convirtió en un tugurio clandestino de disfrute de todo lo prohibido.

Desde entonces me convertí en su mecenas y ella en mi protegida, cuando todos me dieron la espalda los dos nos convertimos en esclavos de esa falsa agencia de viajes que se llama heroína.

Naza 01/05/06

El día del Astro. De Suprunaman

Mil doscientos islotes de coral esparcidos por el Océano Índico, un entorno natural, playas interminables y un clima excelente; esto son las Islas Malvinas.
Durante la Gran Guerra, este paraíso de fantasía se convirtió en zona estratégica para los ingleses quienes modernizaron su base de Gan y el aeródromo militar de Huele terminada ya la Guerra.
Una revuelta dirigida a los cabecillas y a la aristocracia que apoyaban la soberanía inglesa, propició la muerte de muchos argentinos que allí vivían.
El 22 de junio de 1986 es un día que los argentinos no podrán olvidar, Argentina e Inglaterra se veía las caras en la final del mundial y aunque los jugadores dijeron que el partido no tenía nada que ver con la revancha de la perdida de las Maldivas, podía ser un buen instrumento para humillarlos.
Él sería el ejecutor, fuerte y astuto, como si de un semidios se tratara maquinó sobre el césped una perfecta obra de arte, “diez segundos, diez toques, un héroe con el número diez”, Enrique jugó en corto para Diego que estaba cubierto por dos, sus pies se balanceaban adelante y atrás como lo hace el viento con el alerón de un avión, eran unos movimientos precisos, como un algoritmo, al ver que Reed corría y no podía alcanzarlo, a Diego le entraron unas ganas muy grandes de correr, ya solo delante del portero su gesta se convertía en dable ante la mirada atónita del público, la paró con la derecha y el portero se lanzó vencido fue entonces que cambió el balón de pierna y chutó un zurdazo que casi rompe la red. Fue el gol de su vida, era de esos goles que uno desea marcar jugando con los amigos, en cambio él había conseguido marcarlo en un mundial y por ello le daba las gracias a Dios.
El segundo gol fue de pase a la cabeza, pero iba tan lanzado que no pudo evitar ponerse la mano detrás de la cabeza y meterlo con el puño, los ingleses protestaban enérgicamente, no era posible que le hubiera quitado de las manos el balón al guardameta, y Diego no pudo evitar alzar el puño hacia el cielo, ahora podía decir que el gol había sido con la mano de Dios, mientras Valdano le decía Ssssshhhh con el dedo en la boca.
¿Qué más agregar? Sólo las palabras del mismo Maradona: “Yo soy Diego”.

Suprunaman 28/04/06

La inspiración del artista De Monelle

¡Ahora si! ¡Excelente!

Contemplaba su obra con el valor añadido del trabajo bien hecho.
Meses atrás, cuando aquello era tan sólo una fantasía ambiciosa, había caído en una profunda depresión de la que no hubiera salido de no ser por su esposa.
Terminada su carrera, su nombre había sonado con fuerza gracias al proyecto con el que la culminó. La obra, en sí, no era gran cosa, pero por su originalidad fue considerada, por la crítica, como el hecho artístico más destacado del año.

¡Lo que hace el marketing!

Afirmó para sí, después de que una cadena local de supermercados comprara aquella escultura para la entrada de uno de sus establecimientos en expansión.
De aquello había pasado cinco años. Durante ese tiempo, Jorge se dedicó a la búsqueda de concursos con los que consolidar su denodada fama. Había restringido su trabajo, el algoritmo de posibilidades era nulo, hasta el punto de que, ante su negativa para preparar exposiciones, los galeristas se olvidaron de su nombre. Por ello fue que se ofuscó.
Horas de insomnio dando vueltas a un papel en blanco, recorriendo el espacio de su estudio: apilando fango, que endurecía al aire en espera de la idea que lo modelara; sufriendo lo indecible y haciendo sufrir a Clara que veía en aquello la gota que colmaría el vaso de su relación.
Convencerle, mejor aún, hacerle comprender lo dable del proyecto se convirtió en la misión más importante.
La convivencia no había sido un camino de rosas, es más, el matrimonio se sostenía gracias al trabajo remunerado de ella, pero si esto seguía así acabaría abandonándolo. Verdaderamente le quería. Por nada del mundo deseaba hacerle daño.
Una noche, después de observar a Jorge en su estudio, desde el alerón del porche, entró decidida para ofrecerle cualquier cosa con tal de verle satisfecho.

- ¡Es magnífica Jorge! Innovadora. Diría que extraña. Un día de estos tienes que explicarnos de qué material está hecha. Sinceramente te felicitamos. Ha valido la pena la espera, sólo deseamos que no demores tanto tu próximo proyecto.

Regresó a casa satisfecho. Nada podía ofuscar su triunfo.
Cerró la puerta de su dormitorio y se recostó. Miró a su lado lamentando la ausencia de Clara.
Convencido de haber obrado conforme a sus deseos cerró los ojos para descansar. A fin de cuentas, de ella surgió la idea de servir de instrumento para su triunfo.

Monelle/CRSignes 270406

La navaja. De Locomotoro

Es otoño, esa extraña estación que marca el paso entre la vida y la muerte. En el bosque, todo se ha vuelto color marrón, un marrón intenso como el sonido de las hojas secas bajo mis pies desnudos. Más allá del bosque, en el claro puedo ver la cabaña donde vivo.
Rebusco entre la hojarasca del suelo y recojo un pedazo de rama medio seca, ideal para ser tallada, mientras me dirijo a la cabaña... esa es mi vida, sencilla y ajena a complicaciones.
Llego y me siento en una vieja mecedora que tengo asentada bajo el alerón de chapa que me hace de porche mientras contemplo ante mí el excelente paisaje que me brinda el bosque. Trato de conciliar el sueño mientras sobeteo el pedacillo de rama de roble que he encontrado, acariciando cada forma, soñando mil fantasías.
Finalmente, y tras un pequeño descanso, decido una forma, la forma de una mujer que de vez en cuando me visita. No sé aún como se llama, ni sé a qué se dedica, simplemente me observa con ojos tristes, callada... luego desaparece.
Mi cabeza trata de formular cada algoritmo que me permitirá sacar todas las curvas de la figura.... pero solo consigo recordar sus ojos. Al final saco la navaja de mi bolsillo... esa navaja que utilizo como único instrumento para todo.
Soy viejo y estoy cansado, pero cada vez que veo a esa mujer me siento joven, más vivo. Mis manos van tallando con destreza esa forma que recuerda mi mente, y poco a poco va apareciendo una figura que se le asemeja bastante.
La he terminado, y ahora contemplo la silueta del pequeño pedazo de madera al sol del ocaso. Pero no es su silueta solamente lo que veo, detrás del oscuro perfil aparece ella, ella que me está mirando con sus ojos tristes. De pronto sonríe y su expresión se vuelve amable. Quiero hablar con ella, acercarme, tocar su piel, conocer su olor... así que rebusco en mis bolsillos algo, un objeto bello, algo dable. Pero no lo encuentro... y mis dedos solo tropiezan con mi gastada navaja. Quiero levantarme, pero a pesar de que me siento joven mi cuerpo me resulta pesado y es ella quién se acerca a mí.
Sus labios tropiezan con los míos mientras su mano me coge y me lleva, lejos de la cabaña, lejos del otoño.
Es otoño, esa extraña estación que marca el paso entre la vida y la muerte.
Más allá del bosque, en el claro puedo ver la cabaña donde vivo, pero ya no hace falta que vaya. En el suelo del porche, bajo el alero, he dejado mi navaja.

Locomotoro 260406

Imagen: Árbol de la muerte. ©Verónica Guzmán (México, 1970) extraída de: http://www.veronicaguzman.com/