Sesión de fotos. De Hechizada

—Hola, Pachi, ¡qué temprano has llegado!
—Ya me conoces, me gusta chequear que todo esté a punto, probar luces, preparar las cámaras, etc.
—¡Que si te conozco! Eres un maldito perfeccionista por antonomasia, ayer me fui tarde y te dejé en lo mismo. Por lo que respecta al maquillaje y el vestuario, no te preocupes.
—Me parece bien, Santi. ¿Y la modelo?
—Debe llegar en 20 minutos. ¡Cuántas cámaras! Sí te estas tomando esto en serio. ¿Las usarás todas?
—Claro, es mi gran oportunidad, no todos los días se reciben ofertas tan buenas y bien pagadas como esta para hacer un calendario.
—Joder, yo había entendido que era un par de posters tipo pin-up.
—Y entendiste bien, si les gustan me contratarán para hacer el calendario. Por eso me esmero.
—¿Y de dónde sacaste tantas cámaras?
—Son mías, más que trabajo la fotografía es una afición ancestral en mi familia.
—¿Cómo así? Me doy cuenta de que te conozco poco.
—Mi bisabuelo paterno trabajó con George Eastman.
—¿Y ese quién es?
—El fundador de Eastman Kodak Company.
—¡Joder!
—Mi bisabuelo era un joven químico que lo ayudaba con las soluciones de nitrocelulosa que producían los rollos de película transparente. Fue el comienzo de la fotografía para aficionados y de la cinematografía.
—¡Joder! Cuánto orgullo y alegría para tu familia.
—Pues sí, sólo que con el tiempo eso se ha perdido y ahora sólo estoy yo en este mundillo. Oye, volviendo a lo nuestro, no vi ningún vestuario, ¿y dices que lo tienes listo?
—Te enseño: para las fotos como pirata pensé en un garfio, pero viendo posters viejos lo que más se valora es la mezcla de sensualidad, ternura, delicadeza. Así que basta con el tapaojo.
—Jajajaja ¡qué ingenioso!
—Dependerá de tu creatividad en las poses para que no se eche de menos ropa ni nada.
—¿Y para el posters como Eva?
—Bueno, traje la manzana, infaltable. Y como no conseguí hojas de parra traje de laurel.
—Jajajaja ¡Qué rata eres!
—Eso sí, tendrás que aguantarte y no sucumbir a la tentación de comértela, a la manzana digo, mira que te pueden sacar del Edén.
—Vale, ya entendí, no te preocupes. Pero tarda, eh.
—Dicen que lo bueno se hace esperar…

Hechizada 22/07/06

Un chico pin-up. De Belfas

Soy un chico pin–up, mi cuerpo es la herramienta de trabajo. Bueno, mi cuerpo y una pieza de mi anatomía bien desarrollada, que además de proporcionarme las habichuelas me da multitud de alegrías y placeres. He descubierto en este mundillo que las mujeres en grupo, con unas copitas y buen ambiente se atreven con todo.
Curro en un local de striptease todas las noches y de vez en cuando me contratan para despedidas de solteras en casas particulares, me encanta ese juego, es maravilloso ser el centro de atención y ver como sucumben ante mis encantos.
Hace unas noches mi jefa, una mujer madura y sin escrúpulos, a quien tengo que complacer cuando me ordena, hizo que me exhibiese para dos guapas mujeres que buscaban macho para una ajetreada noche. Aun recuerdo como sus miradas iban dibujando y grabando mi silueta en su retina, cuando yo comencé a contonearme al compás de la música y me desprendí de la ropa que cubría mi cuerpo. Al despojarme el pantalón pirata de un golpe y arrojarlo sobre la pista, sus ojos se me clavaron como dagas sobre mi pequeño tanga que escasamente cubría mi miembro, unos movimientos circulares de cadera fueron suficientes para dejarlas petrificadas unos instantes y conseguir que me contratasen.
Llegué al piso, allí la fiesta llevaba ya un par de horas, un amiente cargado inundaba las habitaciones, el alcohol y algún que otro estimulante extra corrían por las venas de las jóvenes chicas. Mi entrada, triunfal por antonomasia y en un pis plas me vi rodeado por varias de ellas, expectantes y traviesas. Me indicaron el lugar del espectáculo, una vieja mesa improvisaba como escenario, poco espacio pero suficiente.
Sabía lo que querían y era único en esa lid. La música creó un ambiente ancestral, fui desprendiéndome de mi ropa entre vítores, aplausos y algún que otro toque sutil de las más próximas, jadeando y suplicando me desprendiese del tanga cuando este era la única prenda en mi cuerpo. La noche terminó como siempre dentro de la cama de una de las asistentes haciendo horas extras.

Belfas 21/07/06

¡La que vamos a armar! De Edurne

Por fin nos hemos decidido, ha costado pero nos dio una alegría enorme el ver que nos poníamos de acuerdo. Finalmente buscaremos uno de esos chicos pin-up para amenizar la despedida de soltera de Clara, habrá que asegurarse de que sea un bombón… queremos armar la gorda, a ver si hay suerte y lo encontramos.
Llegamos a un local que nos han recomendado. El aspecto exterior no es muy agradable, parece un barucho ancestral, lúgubre y tristón, sin las luces de colorines intermitentes que yo me imaginaba.
Al entrar todo es diferente, una lluvia de láser nos ataca las pupilas. A la derecha, sentada en la barra con las piernas cruzadas, fumando un cigarrillo de boquilla dorada y observando el striptease de la pista central, vemos a una pelirroja madura, debe ser a la que llaman “La Dueña” por antonomasia. Nos acercamos y le exponemos nuestras intenciones. Da la impresión de que no nos escucha, sólo mantiene la mirada fija en mis pechos por lo que, con un gesto distraído, me subo el escote. Parece que reacciona y nos da un par de nombres de chicos disponibles.
Cuando nos dice el precio y que debemos abonarlo por adelantado, nosotras le exigimos una garantía, queremos comprobar el producto con anterioridad. La Dueña frunce el ceño unos segundos y nos toma a las dos por la cintura con una seguridad apabullante para conducirnos hasta una sala contigua, de carácter más privado, donde se contonea un soberbio macho de piel tostada, vestido de pirata, retorciéndose sinuosamente alrededor de una silla. La argolla plateada de su oreja brilla al unísono con el ancho cinturón metálico que sujeta unos bombachos de satén rojo. Los lunares negros de la camisa y del pañuelo de la cabeza empiezan a balancearse en mi mente y me descubro absorta siguiendo sus movimientos rítmicos.
Sus dedos desatan el nudo de la camisa, lentamente, retozando su ombligo, mientras sus glúteos van marcando el ritmo de la música, hasta descubrir un torso lubrificado y musculoso. Su cuerpo va desplazándose por la pista con gestos seductores que nos hacen sucumbir ante sus encantos. De golpe, y al compás de la música, se arranca los bombachos y permanece, unos segundos, inmóvil para que observemos su minúsculo tanga negro que recubre, por así decirlo, su bien marcado miembro.
Cerramos el trato y… a esperar la repetición el día de la despedida.

Edurne 017/07/06

Obertura. De Locomotoro


Siempre se había preciado de no tener miedo a nada, que eso del miedo escénico era para los principiantes. Pero él ya no lo era, llevaba cincuenta años recorriendo la vieja Europa. A esas alturas, uno podía permitirse el lujo de tutear al continente y continuar teniendo miedo. Había hecho revivir a Wagner, Litz, Mozart... en los mejores lugares que uno pueda imaginar. Dentro de poco, quién sabe cuando, quizás mañana, los conocería en persona. Era demasiado viejo para esto, y los clásicos ya no le llenaban. Así que había decidido hacer algo distinto... más improvisado.
Había conocido hace tiempo, de la mano de Grapelli, un violinista que se despidió de la orquesta, a un guitarrista, un tal Dyango Reinhart.
Ahora, en el camerino, sobaba aquellas partituras que le habían copiado, las estudiaba como un pirata estudia la isla de un tesoro.
Se asomó tras la cortina y apreció que estaba lleno, la gente se acomodaba en las butacas con el programa en la mano. Nada complicado; Claro de Luna de Beethoven, una vez más, Beethoven.
Abrió la caja de su ancestral batuta y lentamente salió a escena. Toda la orquesta se puso de pié y le dedicó una mirada de admiración, algunos incluso agacharon la cabeza en señal de reverencia.
Se hizo el silencio; miró al público y se quedó un rato dudando qué hacer. Miró después a sus músicos, esos músicos de siempre. Pero entre ellos, se encontraban, Grapelli y Reinhart, que le dedicaban una sonrisa cómplice y señalaban que ellos llevaban la misma partitura.
Por una vez, decidió no hacer lo de siempre. Hizo el gesto de golpear con la batuta en el atril, pero en lugar de eso, señaló a Renhart para que comenzara.
Ante el estupor del público y músicos que repasaban entre murmullos programa y partituras, Renhart comenzó la pieza. Al poco se le unió el violín de Grapelli con toda su alegría. De pronto, como venido de la nada, comenzó a acompañarles un contrabajo. El maestro por antonomasia había sustituido la batuta por el instrumento, que hacía sonar a golpes de pizzicato. El murmullo del público sucumbió en un fuerte aplauso ante los tres instrumentistas que parecían un grupito de pin-ups. El maestro golpeó las cuerdas del contrabajo con más fuerza que nunca, y de esta manera, escupió todo su miedo.

Locomotoro 21/07/06

Lola de Cartagena. De Mon

Llega la Lola con afán de éxito, acaba de aparecer despejando el vaho del salón ante la atónita mirada de los novatos que experimentan por primera vez.
Ellos la imaginaban como la chica Pin-Up de sus sueños, esa fantasía que les atrapaba entre sábanas y acababa manchando su ombligo. Hoy era día de permiso, justo veinticuatro horas antes de embarcar con destino un tanto incierto, los muchachos habían bebido más de la cuenta tal vez para olvidar. De pronto suena la música con esa melodía que acelera la sangre mientras ellos, ante el filtro de su propio humo, comienzan a adivinar la figura que comienza a hacerse cada vez más nítida, es ella, es la Lola, están a punto de sucumbir.
Jamás habían sentido tan cerca la piel de una mujer, al menos una mujer como Lola, morena, alta, espectacular…una Diosa ancestral.
Los jóvenes marineros estaban absortos al borde de un ataque de erotismo, entre la alegría y el deseo, entre la emoción y la excitación. No eran antiguos piratas, sabían comportarse, la educación recibida en la academia de algo tenía que servir.
Ya es tarde y abandonan el salón con sus antebrazos entrelazados formando una hilera con un mismo destino, quizá nunca vuelvan allí, quizá haya sido un sueño, el sueño por antonomasia de todo infante vestido de punto en blanco. Lola se convertirá en aquel mito que nunca pudieron tocar y que solo por una noche les hizo viajar más lejos que en cualquier misión.
Siempre quedará un reflejo en sus lágrimas emocionadas cuando de viejos se junten para recordar.

Mon 20/07/06

El ladrón. De Monelle

Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado.
Guy de Maupassant (1850-1893)

Tenía diez años de edad cuando comencé. Sucedió en clase. Antes de salir del colegio vi a Violeta y sentí un impulso inexplicable. Ni tan siquiera pensé en las consecuencias. Me aproximé decidido hasta ella y, al llegar a su altura, la besé. Los dos salimos corriendo.
Durante el verano fui perfeccionando la técnica. Mis amigos me admiraban. Logré robarle besos a todas las niñas del barrio.
Y así llegué a la adolescencia. Sabía lo que quería y cómo, sólo tenía que fijar mi objetivo. Era ver una hembra y sucumbir a la tentación.
Veía pasar a mis amigos con sus novias recelando de mi presencia y con motivo. Pronto acabaron odiándome.
Por antonomasia terminé con el sobrenombre de “el pirata”, y al igual que estos ancestrales caraduras desperté tantas pasiones como odios.
No había cumplido aún los diecisiete años de edad, cuando me di cuenta de que ya no sentía la alegría del principio. Era el tío que más mujeres había besado del instituto, pero me dolía pues ninguna quería tener tratos conmigo.
Fue entonces cuando comencé a buscar alternativas. Si ellas no deseaban relacionarse con alguien como yo, no me merecían. De hecho, desde un tiempo a esta parte, mi popularidad ha aumentado de nuevo.
Ahora es fácil verme con una amplia sonrisa. Ya nadie me odia, y todo desde que he cambiado de estrategia.
Si hubierais visto la cara de aquel camionero, cuando me pilló pegando el morro en la portechuela de su camión decorado con una preciosa pin-up. Y ¿la de mi tío, el de la sastrería? Esa si que quedó como un poema, por no comentar la historia que llegó hasta mis padres, pero es que no pude resistir lanzar sobre mis brazos el maniquí del escaparate de su negocio.

Como veis sigo robando. Besos grandes o pequeños; fríos y cálidos. Los he robado rápidos o pausadamente; por el día y de noche; mientras jugaban a la comba o esperaban en la cola del pan; en la parada del bus y en la playa; a solas o en compañía. No tengo ningún reparo al hacerlo.
Aunque los que más me gusta robar, son los de mi madre que de vez en cuando me visita en el centro, y me ofrece su mejilla para que se los robe con ternura.

Monelle/CRSignes 200706

Inspiración. De Locomotoro

Algunos piensan que desapareció con la helada del 53. Que se desvaneció una noche helada en la que ni tu ni yo habíamos aun nacido. Que se la llevó la desgracia de muchos junto con su esperanza. Los más viejos aseguran que fue antes, cuando comenzó la guerra, aquella guerra que como cualquier otra guerra nos enseñó los dientes de nuestra propia vergüenza.
Sin embargo, algunos afirman que ha acariciado sus dedos en un momento de despiste, o que se les ha aparecido en un sueño. Todos sabemos que aquella mujer ancestra mordió las manos de los hombres que dejaron todo para teñirse en sangre, que gritó con furia en sus sueños, pero que estaban tan ocupados en sus miserias que no fueron capaces de percibirla.
También sabemos que necesitamos darle una forma, y una manera de hacerlo es bañándonos en su alegría. A veces, aun húmedos de esa alegría, nos seca como una madre con su manto y nos besa la cara hasta que acabamos por sucumbir a sus encantos.
Otras veces, parece surgir de entre la niebla como un pirata para abordarnos con sus sentidos y robarnos la cordura, la razón, el entendimiento.
Es la pin-up de las modelos, la amante perfecta, la magia por antonomasia. Vaguea por callejones oscuros, se desliza entre el sudor de los dedos de los borrachos al roce de la botella. Vive en los sueños de grandeza de los más cobardes y muere con los gestos de cobardía de los valientes. Y no siempre que aparece, sabemos reconocerla, aunque sepamos que existe.
Si eres capaz de escuchar tus latidos, de oír la furia del mar, de saborear los perfumes del viento, dejar que una ola atraviese tu cuerpo y sentirte parte de las estrellas, es porque está junto a ti.
Entonces, quizás te haga un guiño travieso, quizás hagas una locura, un asalto a la decencia, a los principios, a los rubores y nazca el arte; fruto inequívoco del amor entre la musa y tu.

Locomotoro 18/07/06

Una lagrima por bettie. De Suprunaman

Sus ancestros habían sido piratas, aventureros y bebedores natos, contagiaban su alegría a cualquier puerto al que desembarcaban.
Bettie no había perdido aquel legado, allá donde ella iba todo era diversión, glamour y juegos de seducción. Bettie era conocida por antonomasia como la “pin-up” por su actitud siempre provocativa y sensual.
El 5 de agosto de 1962, los periódicos dieron la noticia, Bettie había sucumbido tras una sobredosis de barbitúricos, todo apuntaba a un suicidio, aunque la verdad podría haber sido otra.
Sinclair —dijo —soy el encargado de la investigación.
Pase —dijo un pequeño agente, con actitud nerviosa.
¿Qué han encontrado Otis? —Dijo Sinclair
Sólo un bote de barbitúricos vacío. Lo tenía en la mano. Bettie se suicidó.
Sinclair se acercó a la cama donde todavía yacía el cuerpo desnudo de Bettie, y observó como una lágrima le resbalaba por la mejilla.
Sabes Otis, —dijo Sinclair —frecuentemente las lágrimas son la última sonrisa del amor.
¿Qué quieres decir?
Sinclair abandonó aquel apartamento y se dirigió a la comisaría, debía cotejar toda la información. Una chica como la “pin-up”, tan atractiva y glamorosa tenía amigos influyentes a los que seguramente no interesaba airear los trapos sucios. La muerte de Bettie podía salpicar a demasiada gente, habría que estar atentos.
Frankie había sido novio de Bettie, vivía con sus padres en una mansión, su padre era el propietario de uno de los bancos más importantes de Nueva York. Frankie no podía ser más que el hijo mimado de una familia que no era capaz de controlar sus vicios, adicto a la bebida y al juego, un hipócrita, que después de echar una lágrima por Bettie dijo:
Sinclair, es mejor que abandones el caso, es mejor así.—Sinclair quedó boquiabierto al oír aquella frase. —¿No quieres contarme nada?
Frankie empezó a sudar.
Lo siento Sinclair, no me encuentro muy bien. La muerte de Bettie es muy dolorosa para mí.
Ya nos veremos Frankie, ya nos veremos. No abandones la ciudad.
Sinclair no podía olvidar aquella imagen, el rostro de Bettie y la lágrima rodándole por la mejilla. Indudablemente alguien conocido la había asesinado.
Sinclair había llegado a las escaleras de su apartamento, cuando un fuerte golpe en la cabeza lo dejó sin sentido.
Al abrir los ojos se encontró sentado en una silla, maniatado. Sin lugar a dudas se estaba acercando al asesino.

Suprunaman 18/07/06

Sucumbir a un amor. De Marola


Me dio una alegría tremenda aquella mañana del 22 de marzo de 1982, estaba esperando con una gran ansiedad que apareciera por la puerta de aquel restaurante. Hacía un año que trabajábamos juntos y desde el primer día me había enamorado como una boba, cada mañana intentaba llegar un poco antes al trabajo simplemente para oír el ruido de su moto aparcar enfrente de la puerta de cristal.
No quería sucumbir a sus encantos, que la verdad no eran muchos, pero había algo en su forma de ser, de andar, de hablar, que emanaba por antonomasia, era algo sensual, especial, y a la vez bestial. Cada vez que lo veía entrar con su casco colgado del brazo con sus tejanos apretados, su camina de cuadros azules y sus botas camperas acabadas en punta, me ruborizaba de tal forma que me tenía que esconder detrás de una columna que separaba el bar del salón del restaurante.
Había noches en las que, tras acabar de trabajar, nos íbamos a un bar cercano a tomarnos la primera y última copa para relajarnos, allí me pedía un cubata y apoyada en el borde de la barra, me ponía a soñar, soñaba solo con verlo, con estar cerca de él, soñaba que era su pin-up, colgada en la pared de su habitación y él como un pirata que surca los grandes mares me rescataba del papel y me cogía por mi estrecha cintura apoyándome con toda suavidad encima de una alfombra de un precioso salón, en el cual nos poníamos a bailar durante toda la noche, hasta que el sol nos obligaba a abandonar aquel lugar, un lugar donde mis ancestros habían vivido su historia de amor. Cada uno vivió una diferente, pero muy intensa, que dejó una huella que jamás podrá olvidarse, porque esa huella es como una cicatriz que está dibujada y no se va de ti nunca.
Todo aquello que sentí con tanta fuerza fue la primera gran historia de amor, que no duró lo pretendido pero me dejó lo más importante de mi vida, que es una persona….la persona más querida e importante de mi vida…mi hijo.

Marola 17/07/06

Palabras para el "contemos cuentos 12"

Nuestro grupo iba creciendo y se modificaba a cada paso que dábamos. Es por eso que la variedad de palabras ayudaban a que la gente, aunque fuera por curiosidad (preguntándose eso de si iban a ser capaces de escribir un relato con ellas), se acercaran, probaran y en su mayorías se quedaran. Así habíamos llegado al juego número 12 y la familia seguía creciendo.
Las palabras que nos ayudarían en la creación o, como en algunos casos, nos complicarían la existencia fueron:

ALEGRÍA

ANCESTRAL

ANTONOMASIA

PIN-UP

PIRATA

SUCUMBIR

Estrenamos también la posibilidad que tienen de encuesta los post de la Gran Calabaza, para encuestar sobre qué tema quería la gente mayoritariamente para escribir durante la segunda semana, sin dejar de ofertar la posibilidad de no seguirlo (escribir libre). Las opciones fueron:

Amor
Deporte
Aventura
Erótico
Intriga/misterio

Y con 6 votos ganó ERÓTICO.

Cosas que pasan. De Suprunaman

Solía pasear por los parques, se sentaba en un banco y veía como paseaban las abuelitas.
Una viejecita se sentó a su lado, a echarle de comer a las palomas. La anciana miró a Mariano. De la comisura de los labios le resbalaba la baba, algo empezaba a repuntarle en la bragueta del pantalón.
¡Agüelasta! Gritó la vieja, y después de propinarle varios golpes con el bolso se marcho.
El tema era que Mariano se ponía cachondo al mirar a las abuelitas y verles la combinación, que siempre asomaba por debajo de la falda.
Cuando Mariano veía a una ancianita, entraba en un trance, una especie de sueño sexual que no podía controlar, por ello decidió acudir a un psicoanalista.
El doctor le miró a la cara después de haber examinado a Mariano.
Es usted un guarro insaciable —dijo el psicoanalista —es un “agüelasta”, son diez mil —agregó seguidamente.
¿Que puedo hacer doctor? -Preguntó Mariano
Marcharse inmediatamente, “agüelasta”, y córtesela.
Desconsolado, triste y desesperanzado, Mariano fue al parque a llorar su desgracia,
¿Dios, por qué me has abandonado? —Dijo.
Entonces se abrieron los cielos, una luz cegadora le dañaba los ojos.
Hola joven, me llamo Engracia, soy una abuelita muy “guarrindonga”.
Mariano se levantó del banco, miró a los cielos y dio gracias a Dios, después agarró a la viejecita y le dio un beso de tornillo.
Ambos marcharon del parque, cogidos de la mano, y fueron felices una temporada; hasta que se enteró el hijo de doña Engracia que era el psicoanalista.

Suprunaman 15/07/06

Salvar el pellejo. De Edurne

Eran tiempos durillos, las relaciones entre los animales y el hombre estaban cada vez más tirantes. Mientras los primeros se refugiaban en los bosques, haciendo suyos y dominando los valles y las zonas rurales, los segundos se atrincheraban en las ciudades, vigilantes ante cualquier invasión de sus contrarios. Un insaciable deseo de venganza dominaba ambos bandos. En esa combinación de odio y malestar vivían en alerta constante.
Una incursión a la ciudad, aprovechando un banco de niebla, tuvo un fracaso estrepitoso y los animales tuvieron que retirarse; el mono, debido a la neblina existente, se quedó rezagado y quedó solo ante el peligro. De improviso, repuntó un garrote ante sus narices y se vio atrapado. Se defendió así:
¿ Desde cuándo se me considera una bestia? ¿Quién puede afirmar tal cosa? Soy un hombre como vosotros, sólo que no voy vestido, no me afeito por pereza y no me relaciono con nadie para no meterme en líos.
Por la comisura de su boca asomaba la saliva de tan asustado que estaba y tan deprisa como intentaba defenderse.
¿Yo una bestia?... Esto es ofenderme, ni lo soy ni lo quiero ser; las bestias, si yo pudiera, las eliminaría de la faz de la tierra para poder vivir en paz.
Ante tales razonamientos, le dejaron partir. Nervioso y atemorizado, pero con la tranquilidad de haber salvado el pellejo, se dirigió hacia la alameda, donde se escondían los suyos.
Al verle llegar, le dieron el alto desde la cima de un árbol y se vio de nuevo amenazado de muerte, pues creyeron que era un humano. De nuevo se armó de valor y embistió su defensa:
¿Es que sois cegatos o qué? ¿Desde cuándo se me considera un hombre? ¡Vaya ignorancia la vuestra!... Soy una bestia como vosotros, podéis reconocerlo por el vello de mi cuerpo, además, ando a cuatro patas como vosotros, ¿veis? Sólo que me he erguido un momento para saber donde estaba. ¿Un hombre yo? Ni lo soy ni quiero serlo. Esto es ofenderme, mi sueño sería acabar con todos ellos para vivir con tranquilidad.
De nuevo el mono salvó el pellejo. De algo le sirvió encontrarse a medio camino de la evolución. Cuando de salvar el pellejo se trata, hay que aguzar el ingenio.

Edurne 14/07/06

La oportunidad de su vida. De Hechizada

Hoy era el día que había marcado como el más importante en su calendario. Llegó mucho antes de lo previsto para prever cualquier percance que lo alejara de conseguir su sueño. La emoción y los nervios le delataban con sólo ver el tono rojizo en que se había convertido su blanquísima tez.

Lo primero que vio fue la decoración: una mesa blanca con toldo incorporado de franjas de colores. En ella había unas gafas de sol y una crema bronceadora. Completaban el amueblado una silla plegable y un banco pequeño. Cerca estaba —colgado en una percha— el vestuario que debía usar. Al verlo, vociferó al responsable con mueca de espanto:

¡Yo no me pondré eso! ¡Qué combinación más espantosa! ¡Me dirán hortera!
Pues si no quieres, hay muchos que se sentirían afortunados y pagarían por ponérselo…

El nivel de la discusión repuntaba pero fue interrumpida por un alboroto entre quienes estaban arreglando los últimos detalles, pues hacían entrada cinco espectaculares modelos, ataviadas con minúsculos biquinis. Ante la admiración y embeleso masculino, la temperatura del ambiente se disparó… Fue entonces cuando se sintió bienaventurado por haber sido el elegido entre centenares de candidatos, todos llenos de la insaciable sed de la fama. Con una sonrisa de deleite, se dirigió inmediatamente al lugar destinado para cambiarse de ropa y prepararse para personificar el papel que lo catapultaría al estrellato a nivel nacional. Una vez vestido y maquillado, se situó entre el decorado y tomó la decisión de prolongar la situación todo lo que se pudiera para disfrutar de la compañía de esas sirenas...

Todo estaba a punto: él sentado, relajado y con una tenue sonrisa de satisfacción que torcía un poco la comisura del labio. Ellas a su alrededor, cantando y bailando alegres y sonrientes.

Y se oyó una voz:

¡Acción!

“Hay que ver los guiris que tengan cuidao,
tienen el pellejo blanco y delicao,
con el guiri, guiri, que está quemao
y que nadie entiende lo que ha preguntao.
Hay que ver los guiris que parecen gambas,
coloraos están de tomar el sol,
con el guiri, guiri, que está quemao
y que nadie entiende lo que ha preguntao…”

Y una voz en off que dice:
‘Si tienes la ilusión de hacerte millonario: o compras el cupón de la ONCE o haces la canción del verano.
Sorteo extraordinario del verano de la ONCE: ¡14 millones de euros!’
.

Hechizada 13/07/06

El vendedor de mazorcas a perra la cuarta. De Mon

Oigan, esta es la historia de Mariano Mazón, vendedor de mazorcas a cuarta, media y kilo. Mariano heredó el puesto que su madre a su vez dispuso cuando falleció su madre, abuela de nuestro personaje. “¡Bragas de encaje oigan! gritaba su madre, con doble de ruso y talco pa’l chirli, guarde bien su comisura, ricuraaaa, jajajaja!” Claro eran otras épocas, ahora ya no se llevan estas cosas y cual joven emprendedor Mariano decidió cerrar la parada de venta de paños menores.
“¡Matilde, es usted insaciable! exclamó el mazorquero, lleva usted unos días que ya quisieran algunos: paragüé pa la lluvia, mistos* pa la chimenea y maní pa’l cuerpo, luego no se queje si su marido la regaña, es usted insaciable… Son cuatro perras, pague, pague.... “
Mariano montaba siempre junto al mismo banco una pequeña caseta donde guardaba el carbón, era a este lugar donde acudía llave en mano para arrebatar del fondo los últimos tacos del día. Sabía que al repuntar la tarde comenzaba a bullir gente por todas partes y las brasas debían estar en su punto, era pleno invierno.
Mira, Pedralbes (el vendedor de diarios) mira qué extraña pareja, menuda combinación, ella es organista en la parroquia y él es demonio de correfocs*, no se gastan ni un duro así los maten.
¿Sabes? —Pregunta el quiosquero— ¿Sabes que me piden los diarios atrasados de hace una semana para ponerse al día?
No, no… A mi no me han comprado nunca una maldita mazorca.
Se lo llevarán todo a la tumba, ¡vaya vida!
Po zi. Dicen que pegaban los sellos con chicles del suelo para no gastar saliva, jajajajaja. Bien, Pedralbes, por hoy es suficiente ya va siendo hora de retirarse a freír espárragos que tengo mucho sueño y no me quedan mazorcas.
Oigan, mañana maaásssss

Mon 12/07/06

*Mistos: Cerillas
*Correfocs: Corre fuegos

El monstruo y la princesita. De Chajaira

Érase que se era, en un país muy lejano, vivía una princesita llamada Jodidilla. Siempre fue una niña muy suya, con un talante peculiar. A sus recién cumplidos ocho años, pidió como regalo una mosca en un tarro de cristal cuyo orificio fue tapado con una fina maya para que respirara.
Su divertimento, llenar al pobre y negro insecto de polvos de talco para que no pudiera volar y tenerla como mascota encima de su mesa, así se sentía aún más princesa y poderosa.
Un día su papá fue en busca de uno de sus nuevos caprichos para su hija, esta vez quería al Monstruo Mocoso habitante de las cuevas del sur. Repuntando el alba partió y al señor monstruito encontró, descansado sobre un gran banco natural de enormes piedras.
Mocoso era una bola cubierta de enormes vellos pelirrojos apelmazados por el constante fluir de viscosa pringue de su nariz, con un pene rechoncho también redondito que sobresalía de su vestimenta, una combinación rosa fucsia de fino encaje.
Como Rey que era, saludó cortésmente a este personaje y utilizó su diplomacia (que no bastó), lloros y súplicas para que se dejara entregar a su linda niña, famosa en el Reino por su temperamento caprichoso y cruel.
Este aceptó, pero antes le hizo prometer que tendría que dejarse chupar el dedo gordo de los pies cada noche antes de irse al baño. Cerró el trato no sin antes sentir el mayor de los ascos posibles poniendo en sus sueños aquella imagen.
Al llegar a Palacio Monstruo Mocoso fue entregado a la Princesa Jodidilla, que entusiasmada por su obsequio, maquinó rápidamente cual sería su tortura. Le puso una cadena en un pie y lo amarró al dintel de la chimenea.
Mi estimada princesita, aquí me tenéis esclavo, cuál es su capricho.
Que me des tus trapitos.
¿Mis trapitos?
Sí, tu linda combinación.
No, eso es humillación
Si no me la das me enfadaré.
Y yo el culo te enseñaré.
Eres mocoso y feo.
Y tú una pioja pendejo.
No me hace gracia.
Tócame la comisura de las nalgas.
Se lo diré a mi papá.
Que miedo, me voy a cagar.
Tanto fue lo que el Monstruo la enfadó, que la princesita explotó en mil pedazos y colorín colorado, como me quedo sin palabras, este cuento se ha terminado.

Chajaira 11/07/06