13
Sep

Al despertar

Por alguna razón que nadie conoce la naturaleza
castiga a los niños haciéndoles crecer.
(Anónimo)

Montaje CRSignes2013 (Fuente de imágenes Internet)

Tres mil trescientos años después del despegue aquella nave seguía ruta. El destino miles de veces buscado, un sistema de red planetario que debería haber sido encontrado al primer intento, seguía sin aparecer. Es por ello que la nave, antes de ser interceptada, nunca se detuvo.
Jiserin se había agarrado con tanto empeño a su muñeca que al final optaron por introducirla junto a ella en la cápsula de criogenización. La elite de consejeros y sabios la había seleccionado junto a sus padres al ver en ella un alto coeficiente de inteligencia, hecho éste que no impidió que se comportara como lo que era, una niña asustada y confusa.
La cuarta sala de criogenización había entrado en la última fase antes de su apertura. Del resto nadie sobrevivió.
En medio de una nube de vapor condensado, provocada por la diferencia de temperatura, abrió los ojos. Alargó su delgada mano torpe en movimientos.
¡Mamá! Tengo hambre.
Nadie contestó.
Aquellos extraños que habían interrumpido la trayectoria e invadido el espacio medio derruido de la vieja nave, eran incapaces de comprenderla, es más, se asombraban de que aquel ser encerrado, aparentemente, tuviera tanta semejanza con ellos.
Al abrirse la cápsula la rodearon decenas de personajillos minúsculos como niños, que articulaban con dificultad vocablos ininteligibles.
En su nueva condición sintió el agarrotamiento de sus articulaciones pese a la imperiosa necesidad de acción. Sus movimientos entrecortados, sin agilidad le impedían avanzar. Había sobrevivido al viaje. De entre los restos polvorizados de Jiserin la rescataron.
Era una muñeca y con los niños comenzó a jugar.

CRSignes 11/06/2009

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